¿Qué es la Democracia?


Héctor Gonzalo Córdoba Espitia, del Centro de Estudios de la Democracia, nos comparte este texto que ponemos a disposición de todos. Esperamos que sea de interés para todos.

La palabra ‘democracia’ tiene origen en el idioma griego, donde ‘demos’ significa pueblo y ‘kratos’ significa autoridad. Por este motivo, en el sentido puramente literal puede definirse la democracia diciendo que es el gobierno en que el pueblo ejerce la soberanía.

Desde la Antigüedad se designaba con esta palabra el modo de gobierno en que el pueblo participa; pero la democracia de esa época no es la misma de estos tiempos, ni la democracia actual es verdadera democracia, como tampoco lo fue la de la Antigüedad clásica.
En ninguna nación ha existido el auténtico gobierno del pueblo, que es el coincidente con el significado literal de la palabra democracia: ‘gobierno en que el pueblo ejerce la soberanía’. Esa circunstancia no significa que no pueda existir en el futuro; por el contrario, esa forma de gobierno sí será posible cuando el pueblo pueda liberarse de los impedimentos que durante muchos siglos, en casi todas las naciones, los poderosos le han opuesto para tenerlo sujeto bajo su voluntad.Escucha que opina el premio Nóbel de Literatura, José Saramago, al preguntarse “¿Dónde está la democracia?” así como al escritor e investigador de ciencia política Giovanni Sartori  y su opinión sobre el concepto de democracia, que quizás, te ayudaran a comprender mejor el concepto de Democracia.

En la democracia de la antigua Grecia, durante la época de mayor esplendor y fama, cuando el ejército de Atenas era dirigido por Pericles, quinientos años antes de Cristo, el pueblo no era más que una minoría de la que estaban excluidas las mujeres por no tener derechos políticos y estaban excluidos los esclavos por no ser libres ni tener derecho alguno, ni siquiera el derecho a la vida. El pueblo solamente era el reducido número de privilegiados con derechos políticos, que tenían la calidad de ciudadanos y ejercían el poder político con el fin de dictar las leyes y por medio de ellas mantener subyugada a la gran mayoría de habitantes de la nación compuesta por mujeres y esclavos.
De manera separada a ese antecedente histórico, y considerado desde el punto de vista racional y justo, el concepto ‘pueblo’ se refiere a la entidad jurídica y política integrada por el conjunto de habitantes del territorio de la nación que tengan la calidad de ciudadanos. A su vez, la ciudadanía se origina en las circunstancias de ser nacional o haberse nacionalizado, de ser mayor de edad y de tener capacidad para el ejercicio de derechos.
En la actualidad son muchas las naciones en las que la ciudadanía y, con ella los derechos políticos, se han extendido a todos los hombres y mujeres nacionales y nacionalizados, haciéndoles posible participar en los procesos electorales con la finalidad de que por medio del voto ‘elijan libremente a sus gobernantes’. A eso lo llaman ‘democracia’, pero es una gran farsa.
Lo primero que se observa es que la libertad para elegir es solo de apariencia; los candidatos son impuestos por la acción de poderosas maquinarias electorales que desarrollan intensas campañas publicitarias en todos los medios de comunicación masiva, con las que sugestionan y aturden a la población. Dada la circunstancia de ser demasiado costosa esa propaganda, solamente tienen opción de utilizarla aquellos candidatos que son demasiado ricos o que son apoyados por ciudadanos que invierten grades sumas de dinero para sostener esos gastos. No puede hablarse de libre elección cuando no pueden participar como candidatos quienes no tienen los recursos para dar a conocer sus propuestas de gobierno.
En segundo lugar, si la democracia es el gobierno en que el pueblo ejerce la soberanía, no será posible llegar a ella por el simple formalismo de elegir a uno o a unos fingidos representantes, con el encargo de que gobierne o gobiernen como mejor les parezca.
De ese modo, en lugar de democracia lo que se establece es una oligarquía, o gobierno de unos pocos, con la característica de plutocracia, por ser el gobierno de los ricos, pero se le da el nombre de democracia y, aprovechando la credulidad y la ignorancia de la mayoría de la población, se hace pasar por democracia, logrando el resultado de convertir a los electos en soberanos y a los electores en súbditos.
Mientras esto ocurre, lo que permanece ignorado, porque no hay quien colabore en la tarea de hacerlo conocer, es el concepto de que la verdadera democracia solo será posible cuando la dirección de las relaciones de convivencia entre los habitantes se realice conforme a los mandatos que contengan los programas de gobierno que sean escogidos por la mayoría de los ciudadanos. Esos mandatos deberán ser convertidos en leyes de obligatorio cumplimiento, las cuales deberán ser ejecutadas y aplicadas por las ramas del poder público.

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