Corrupción y Empresarios


Aprovecho para transcribir o copiar, antes que entre en vigencia la “Ley Lleras” en Colombia, dos columnas de opinión publicadas el domingo 24 de abril de 2011 en los dos periódicos más importantes de Colombia: El Tiempo y El Espectador, por dos columnistas igualmente conocidos y respetados: Alejandro Gaviria y Daniel Samper Pizano (aunque éste último, bastante vilipendiado por sus relaciones familiares de sangre con el expresidente Ernesto Samper Pizano).  Ambas columnas se refieren, casualmente, al tema de la corrupción y la ética privada en Colombia, tema de actualidad no solo por los escándalos de contratación pública en Bogotá sino por el trámite legislativo que se adelanta con el “nuevo” estatuto anticorrupción en el Congreso, como si con leyes se cambiara la cultura mafiosa y pícara que nos corrompe desde hace mucho tiempo como sociedad. Igualmente aprovechamos para incluir una invitación a ver el documental Inside Job (Trabajo Confidencial).

Corrupción privada

Por: Alejandro Gaviria
Alejandro Gaviria

LA CORRUPCIÓN HA SIDO DEFINIda como el aprovechamiento del poder del Estado (incluido su poder económico) por parte de individuos o empresas particulares con fines de lucro.

Esta definición incluye muchas de las formas más comunes de corrupción; incluye, por ejemplo, al funcionario que negocia la adjudicación de contratos, al burócrata que cobra por expedir un permiso, al regulador que es capturado por las empresas reguladas, al magistrado que vende los fallos al menor postor, al policía que trabaja veladamente para la mafia, etc. En todos los ejemplos anteriores, el poder del Estado ha sido vendido, alquilado o subastado por alguno de sus agentes.

Pero la corrupción va más allá de la definición y los ejemplos anteriores. Los casos más visibles de corrupción tienen que ver con el Estado, con el robo de los recursos públicos o con los abusos sistemáticos de poder. Pero hay formas de corrupción que no involucran directamente al Estado. También hay corrupción, creo yo, cuando un individuo o un grupo de personas traicionan la confianza del público con fines pecuniarios. En este caso, como en los ejemplos del párrafo anterior, la corrupción enriquece a unos pocos a costa del deterioro de un bien público, a costa de la confianza general en las instituciones.

Hay corrupción, por ejemplo, cuando los economistas se presentan ante el público como analistas imparciales de las políticas públicas o de la realidad económica pero, en realidad, son agentes a sueldo de poderosos intereses financieros, comerciales o industriales (el documental “Trabajo Confidencial” denuncia este tipo de corrupción con eficacia y algo de malevolencia). Hay corrupción cuando los científicos, que disfrutan de una reputación de objetividad e independencia, actúan veladamente en pro de intereses privados. Los ejemplos abundan. Ronald A. Fisher, el estadístico más importante del siglo XX, negó de manera tozuda la existencia de una conexión significativa entre el consumo de tabaco y el cáncer de pulmón. Fisher mantuvo una controvertida (y no siempre clara) relación profesional con la industria tabacalera.

Hay corrupción (o puede haberla al menos) en las complicadas relaciones de los médicos con las compañías farmacéuticas, relaciones que involucran atenciones, viajes y regalos no declarados. Hoy hay funcionarios públicos presos por faltas comparativamente menores. En privado, muchos médicos cuestionan estas relaciones. En público, pocos lo hacen. Hay corrupción cuando los periodistas asumen el doble papel de opinadores independientes y asesores o consejeros de empresas privadas u oficinas estatales. En este caso, los periodistas están traicionando la confianza del público: mucha gente cree, ingenuamente, estar leyendo u oyendo análisis independientes cuando, en realidad, están consumiendo opiniones compradas o amañadas. Al final, ya lo dijimos, unos pocos ganan y muchos pierden.

En últimas, la corrupción no comienza ni termina con los funcionarios públicos. No voy a decir que la corrupción es inherente a la naturaleza humana. No lo creo así. Pero sí quisiera anotar que es mucho más generalizada de lo que usualmente se reconoce. Si queremos sinceramente acabar con la corrupción, deberíamos iniciar por combatir la hipocresía.

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2 comentarios en “Corrupción y Empresarios

  1. Soy una persona que trabaje con la Federación Nacional de Cafeteros por 16 anos y fui despedido por reclamar mis derechos, los cuales fueron vulnerados ya que no hay igual oportunidades. Este es un feudo de familias aristocráticas que se han robado el esfuerzo de los cafeteros por casi una centuria. Hay tráfico de influencias, otorgan puestos por homosexualismo, en el caso Cenicafé, donde el Dr. Cadena, antiguo director en asociación con otros pensionados tienen laboratorios dedicados a la producción de insumos biológicos donde los gastos son de la Federación y los beneficios de ellos. Caso muy similar a lo de Juan Valdez de todo conocido. Yo cree un jardín de mariposas en Manizales y este me fue expropiado sin ningún reconocimiento ni retribución. Por reclamar esto y un salario justo acorde a mi experiencia, estudio de PhD y de postdoctorado (cinco anos) fui despedido. Este hecho de expropiación se un caso típico de desplazado ya algunos directivos y congresistas allegados a la Federacion han respaldado la causa de la refundación del país expropiando al estilo paraco. Estoy dispuesto a aportar toda la documentación orientada a denunciar estos atropellos. La Federación perdió cinco PhD (del 2002 al 2009) por causa de estas anomalías y la corrupción imperante en esta institución. Recientemente tuvieron que reintregar a uno de estos PhD por orden de la corte suprema de justicia quien determino que le habían violado sus derechos fundamentales.

    1. Dr. Francisco. Sus afirmaciones y denuncias resultan bastantes graves. Podría hacerlo formalmente ante los organismos de control del país y los grandes medios de comunicación.

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