¿Este es un país de pícaros?


Con este titular insinuante,  atrevido y diciente, la reconocida María Isabel Rueda publica una entrevista con el no menos reconocido y respetado periodista Mauricio Gómez Escobar (hijo del asesinado Álvaro Gómez Hurtado y nieto de Laureno Gómez), quien renunció a seguir los pasos de su padre y su abuelo en la política nacional. Reproduzco el texto publicado en el periódico El Tiempo (domingo 17 de abril de 2011), por considerarlo de interés general.

Mauricio Gómez Escobar, artista y periodista, habla de sus investigaciones sobre regalías.

Mauricio Gómez Escobar

¿Mauricio Gómez qué es al fin: artista o periodista?

Soy ambas cosas, pero el arte está en lista de espera por cuenta de los oficios que me ha encargado Yamid Amat. (Vea aquí la información de los Premios CPB 2011, donde Mauricio Gómez Escobar fue galardonado en la categoría de televisión).

¿Cuándo hará otra exposición? La última, en la que exhibió esculturas hechas con objetos reciclados, fue muy interesante.

El artista está con ganas de trabajar, pero solo será cuando termine algún día mi ciclo en CM&.

Ciclo bastante interesante, por cierto. ¿Qué es lo más impresionante que ha visto sobre la manera como se están dilapidando los dineros de las regalías?

Hay que empezar por reconocer que con lo que no se han robado se ha logrado un aumento importante en el cubrimiento de educación y de salud por cuenta de las regalías, pero no se han podido reducir sustancialmente los índices de mortalidad infantil. Y los peores son los departamentos que reciben regalías, como La Guajira, el Huila, Córdoba y Arauca, donde la mortalidad infantil no es el doble de la meta nacional sino, más grave, del promedio nacional. Muchas regiones tienen problemas de agua tremendos, como Riohacha, Santa Marta, y Quibdó, que tiene el río Atrato, y sin agua… Da gran tristeza, uno de los ríos más caudalosos del mundo al frente. El agua llega cada tres días y en ese calor. En La Guajira no hay ni un solo acueducto todavía: uno de los departamentos que más regalías han recibido históricamente.

Comenzó a lloverles plata del cielo.

Muchas poblaciones pasaron de recibir 600, 700 u 800 millones al año de presupuesto a recibir 70, 80 o más de 100 mil millones. Hubo un cambio de las reglas de juego.

Pero ni la clase política ni la población estaban preparadas para manejar semejante riqueza…

No lo estaban y probablemente todavía no lo están. Para lo que sí estaban preparadas era para repartir el ponqué. He recorrido seis departamentos, viendo cómo se han gastado las regalías, y no hay ninguno donde no haya un despilfarro.

¿Cuál es el departamento menos desastroso?

El Meta. Donde, desde luego, también se han refundido unos dineros, pero se han invertido otros bien, por ejemplo en salud. El Meta tiene como 82.000 metros cuadrados, y han montado un sistema de telemedicina centralizado en el hospital de Villavicencio para hacer consultas a larga distancia.

¡Eso está muy bien!

Y está creciendo. Y le puedo hablar de otras cosas buenas. En los hospitales del Meta hay la última tecnología en medicina en sitios como Mapiripán, La Macarena, Cumaral o Restrepo Granada…

Porque, en cambio, hay muchos hospitales que se han quedado en el cascarón, como el de Yopal, donde adentro no hay ni una gasa…

Es que no les importan las obras. Les importa la celebración de los contratos. Y mientras estos se hagan, que después funcionen o no funcionen, da lo mismo. Ese hospital de Yopal ni siquiera tiene vías de acceso. Está rodeado de unos potreros sin vías que dicen que son del Ejército.

O sea que una camilla tendría que saltar por encima…

Si hubiera camillas. No hay.

¿Algún municipio de mostrar por cuenta de las regalías?

Diría que Castilla la Nueva que es un pueblo pequeño, con unos diez mil habitantes, y donde desde luego también se han refundido unos 1.200 millones en regalías. Sin embargo, es el primer municipio de América Latina que tiene Internet gratis para todos sus habitantes, un colegio como de Miami con transporte gratis para los niños, un moderno polideportivo, un terminal de transporte y una central de abastos.

¿La clase política es la responsable de toda esta dilapidación?

Absolutamente. Y hay algo que yo todavía no alcanzo a digerir, como que si se inicia una obra buena a favor de la comunidad por alguien que no es del propio partido, el mandatario que llega no permite su continuación. Si en la mitad de la obra la alcaldía cambia de partido, la obra se para.

¿Qué porcentaje calcula usted que se ha malgastado en el país en materia de regalías?

Es una pregunta difícil. Es innegable que se está llegando al ciento por ciento en el cubrimiento de salud en muchos municipios del país. Pero al mismo tiempo hay una cantidad de contradicciones típicas colombianas. Por ejemplo, Yopal es la ciudad más bancarizada del país, lo que indica que el 75 por ciento de los adultos tiene al menos una cuenta de ahorros, pero el 93 por ciento está afiliado al régimen subsidiado de salud. ¿Cuántos colados hay ahí? Estamos bombardeando el servicio de salud, que está quebrado.

Un frigorífico nunca enfrió. Una pasteurizadora nunca pasteurizó por falta de leche. Una procesadora de yuca nunca funcionó por falta de yuca. Los ecoparques son grandes farsas. En los velódromos pastan las vacas. Y todo eso ha costado billones…

Son simplemente contratos. Ni importa que no funcionen. Ahí está el problema de muchas de las obras que se construyen con regalías. Sobre todo, hay que sospechar de la palabra “eco”. Ademas, el periodismo local está amedrentado. Las denuncias de CMI las ven como la única esperanza de poder contar las cosas. Cuando me voy, ellos se quedan con el enemigo adentro.

Explíqueme el fenómeno de las piscinas multimillonarias de olas que no funcionan por falta de agua… ¿No son una pasión un poco narca?

Es que en varios casos los narcos eran los contratistas de las piscinas. Eran lavaderos.

Sus denuncias sobre polución han sido impresionantes…

Las playas de Santa Marta las acabaron. No les exigieron a los carboneros que no hicieran el transporte a cielo abierto. Pero en esos recorridos por el país me ha llamado la atención la polución que nadie ve.Por ejemplo, se produce un mar de leva en el Océano Atlántico y al otro día en una playa, al sur de Cartagena, aparecen miles de chanclas y de zapatos tenis que vienen del fondo del mar. Nunca había visto tantos tenis y chanclas juntas. En La Guajira pensé que ya se habían inventado el sistema de que el plástico creciera en los árboles. Pues es el viento el que los ha instalado ahí… Hay un deterioro, ni hablar del de los ríos, que no vemos. ¿Quién va a limpiar toda esa polución y cuándo? El carbón no se disuelve en el mar. Lo que cae ahí, ahí se queda. Hay una emergencia, y porque no la tiene uno encima en la casa, no deja de ser sumamente grave.

El tema de la explotación del carbón en sus informes ha dejado muchas inquietudes…

Hablemos de la explotación de carbón en el Cesar, porque en El Cerrejón se ha hecho un manejo mucho más responsable. Hay unas ocho multinacionales sacando ese carbón desde hace unos 25 años y están creando unos cráteres. Pero nunca se tuvo la previsión de determinar eso hasta dónde llegará. Al ritmo que va, dentro de seis años, en esa zona va a haber una superficie equivalente a cuatro veces la de Bogotá en huecos. Va uno a ver las poblaciones que están al lado de esas minas, porque con todas esas regalías deben tener magníficos servicios de agua, de luz y de basuras, y encuentra todo lo contrario: cortes de agua y luz de cinco veces al día; en La Jagua de Ibirico no recogen las basuras hace dos meses, porque la gente dejó de pagar el servicio por malo… Es una cadena de complicidades de corrupción que no han dejado que estos pueblos que han recibido miles de millones de pesos en regalías, como son La Jagua y Chiriguaná (cada uno ha recibido, desde el año 95 hasta ahora, más de 800.000 millones de pesos), ¡tengan por lo menos acueducto! Están viviendo debajo de una gruesa nube de polución que se ve a kilómetros de las minas. Las calles no están asfaltadas. Hacen una biblioteca en Chiriguaná que costó 100.000 millones de pesos y que fue abandonada desde el día en el que la terminaron.

Dentro de diez años el Cesar solo será una gran mina…

¿Eso será lo que quiere la ‘locomotora’ de la minería? A mí se me hace que más bien es una aplanadora.

¿Pero qué hacer frente al dilema explotación minera vs. la protección ecológica del territorio?

Para mí no hay dilema. Nos dan unas regalías que, entre hidrocarburos y el oro, carbón, plata y níquel suman cerca de 6 billones y medio de pesos, que es un poco de plata, con eso se puede hacer mucho en Colombia. Pero al mismo tiempo les han dado descuentos tributarios a las multinacionales de 3 billones de pesos. ¿Por los otros 3 billones deja uno que el país se le convierta en un desierto por donde va pasando la minería?

Frente a lo que usted ha descubierto con sus investigaciones periodísticas, ¿se justifica el proyecto de ley que cursa en el Congreso y que pretende que se cambie el manejo de las regalías?

Sí, mientras no se traslade la corrupción al Gobierno Central. Este es un país de pícaros. Es el susto que tienen en las regiones. Por ejemplo, en muchas partes creen que a mí me está pagando el Gobierno para que haga estos informes sobre el despilfarro de regalías, para que pase la ley. Mucha gente de las regiones está de acuerdo con que no les dejen el manejo de toda esa plata, pero temen que esa corrupción se pase a Bogotá.

¿Usted realmente cree que este es un país de pícaros?

Desde luego que no se puede generalizar. Pero en Colombia se ha implantado un sistema político que no se puede mover sino a base de esa pequeña o grande corrupción. Hay pueblos donde llega tal cantidad de dinero que el único empleador es el alcalde, y los que estén en contra de las decisiones de ese mandatario están por fuera del sistema. Por eso, en muchas partes del país casi todo el mundo tiene que aportar su dosis de corrupción, pequeña o grande.

MARÍA ISABEL RUEDA
ESPECIAL PARA EL TIEMPO

Textos y fotos periódico El Tiempo.