La “cátedra” del aborto


Un repaso por los editoriales de los principales periódicos del país y algunos columnistas, nos permiten tomar la temperatura sobre la polémica “cátedra del aborto”.

Esto dijo el editorial de El Tiempo

La “cátedra” del aborto

Una polémica de marca mayor ha causado una sentencia de la Corte Constitucional revelada esta semana, que ordena al Gobierno el diseño de un plan de promoción de los derechos sexuales y reproductivos que deberá ser enseñado en las instituciones educativas del país. La decisión hace parte del fallo de una acción de tutela a favor de una mujer a quien se le negó el derecho de abortar, a pesar de cumplir con los requisitos estipulados por la ley.

Hace más de tres años, el alto tribunal despenalizó la interrupción voluntaria del embarazo en tres situaciones especiales: la salud de la madre en riesgo, violación y malformación del feto. Sin embargo, para un alarmante número de mujeres, hacer efectivo este derecho se ha convertido en un viacrucis. Hospitales y doctores alegan objeciones de conciencia para evitar los procedimientos, mientras que las EPS exigen ilegalmente permisos judiciales. Hasta algunos jueces han bloqueado los trámites y entorpecido el cumplimiento pleno del fallo.

Para erradicar ese ambiente de desinformación, boicoteo institucional y franca burla de los mandatos constitucionales, la Corte estipula que los ministerios de la Protección Social y de Educación pongan en marcha, en tres meses, la iniciativa, para que los jóvenes aprendan, conozcan y exijan sus derechos en materia sexual y reproductiva. Así mismo, el fallo ordena a la Superintendencia de Salud vigilar a las EPS para que las mujeres que cumplen con las condiciones descritas puedan abortar sin excusas ni dilaciones. Además, da instrucciones al Tribunal de Ética Médica para que investigue los casos en que los galenos se nieguen a efectuar estos procedimientos.

Los críticos de la actual despenalización han acusado a la corporación de querer instaurar una “clase” de prácticas abortistas en los colegios públicos y privados. Estas afirmaciones no solo están alejadas de la realidad, sino que buscan intencionalmente generar temor y desinformar a las familias. Un plan de promoción de los derechos sexuales, además de educar a los estudiantes en los tres casos en los que la ley colombiana acepta el aborto, también abordará discusiones vitales, como el uso de métodos científicos de anticoncepción y la libre decisión de iniciar la vida sexual. En un país con una de las tasas más altas de embarazo adolescente de la región, esta es una medida bienvenida. Al fin y al cabo, en años recientes ha crecido la preocupación por que los logros en planificación y salud sexual que caracterizaron a Colombia en décadas pasadas estén en peligro para las nuevas generaciones y, en especial, para los más pobres.

La Iglesia Católica ya anunció que desobedecerá la sentencia. “Los educadores católicos no vamos a enseñar eso”, afirmó monseñor Juan Vicente Córdoba, secretario de la Conferencia Episcopal. Sin embargo, la despenalización del aborto en los tres casos mencionados ya hace parte del acervo de derechos de la mujer en Colombia y de su legislación. Es menester que todos los colegios, sin importar su orientación religiosa, enseñen los derechos reproductivos a la par que educan en derechos políticos o sociales. Nadie está impidiendo que las instituciones católicas o cristianas complementen esta formación con otros mensajes acordes con su fe y su visión de la sexualidad.

Lo que es inaceptable para un Estado laico y separado de la Iglesia como el colombiano es que, amparados en objeciones de conciencia o credo confesional, jueces, EPS, médicos y maestros impidan y entorpezcan el ejercicio y el conocimiento de los derechos de las mujeres en salud reproductiva. Con este fallo, la Corte Constitucional, en buen momento, quiere aclarar cualquier confusión y despejar las dudas que se están usando como excusas, de buena y de mala fe, para boicotear la correcta aplicación de la ley.”

El Tiempo, 23 de octubre de 2009

El siguiente, es un artículo del columnista del periódico El Tiempo, Luis Noé Ochoa

 

“Las clases de aborto”

Vamos a tocar un punto delicado, como dijo el ginecólogo. Con todo respeto, vamos a tratar un tema muy serio y complejo, que divide al país, aparte de la reelección, como es el del aborto en Colombia.

La polémica volvió esta semana a romper fuente, pues la Iglesia Católica salió con el báculo a decir “detente, Satanás, no enseñarás”, ante la decisión de la Corte Constitucional de que en los colegios se imparta cátedra de derechos sexuales y sobre los tres casos en que el aborto está permitido: cuando está en peligro la vida de la mujer; cuando haya malformación del feto; o cuando el embarazo sea resultado de violación o de un acto sexual no consentido.

Claro que, por lo visto, en Colombia las violaciones son más de lo que se cree, pues hay organizaciones sociales que dicen que desde que la Corte Constitucional dio a luz el decreto 355 de 2006 se han presentado unos 3.000 abortos legales. Son cifras hijas de padres desconocidos, pero espantan. Sin embargo, el Ministerio de la Protección Social dijo que son 201 casos. Pero la Secretaría de Salud de Bogotá afirmó recientemente que son 219 abortos legales solo en Bogotá. Y la revista The Lancet dice que en la capital ha habido 313 abortos legales. Como las cifras de desempleo, sólo Dios sabe.

¿Y los abortos ilegales, esos practicados, casi con ofertas de promoción de dos por uno con encime de infección, en casas de mala muerte, detrás de un estante? El otro día, Ernesto McCausland entrevistó a una partera que dijo que los practicaba a 5.000 pesos. Igualmente, sólo Dios sabe. Se debe perseguir a centenares de casas de aborto clandestino y cortarles el bisturí a los falsos médicos. ¿Qué hacen al respecto Minprotección, la Corte, la Procuraduría, la Policía?

Para agravar el caso, el Consejo de Estado suspendió en forma provisional el decreto 4444, por el que el Ministerio de la Protección Social reglamentó el Decreto de la Corte para las entidades de salud. Aunque parece que este nació con malformación, pues el fallo de la Corte es claro y obligatorio.

Con dolor en el alma, creo que hay que practicar los abortos en los tres casos específicos, en las primeras semanas, sin obligar a los médicos que aleguen objeción de conciencia. Cada uno tiene derecho a su fe. Así mismo, hay que educar a los menores en temas sexuales, pero más para prevenir que para abortar. Y que lo hagan los médicos. Que no sea una clase de “yo aborto, tú abortas… ellas abortan… vosotros abortáis”, o sobre tamaños de los condones, calidad del látex y modo de uso. Que no pasen a nadie al tablero. Y que no dejen tareas en grupo para la casa, entre amiguitos de pipí cogido. No hay que dar lecciones de aborto. La clase debe ser pedagógica, de educación sexual seria, de concientización, de prevención.

Pero este es un problema social. En muchos casos, es asunto de pobreza, de falta de presencia del Estado en zonas deprimidas, donde muchos padres venden a sus hijas por unos pesos o por droga; donde los mismos familiares son los violadores; donde ellas se prostituyen por dinero. Hay que enseñarles a las adolescentes que el mejor anticonceptivo tiene dos letras: NO. O sea, nanai cucas. Y a veces un rodillazo en medio de la pelotera. Pero también hay que alimentar y educar para denunciar. El Estado -incluida mi Iglesia Católica- debe evitar, como alguien dijo, que se haga planificación familiar a través del aborto. Duele ver esas niñitas jugando con muñecas de carne y hueso. Que serán otro drama social y otra posible víctima. Así es la cadena.

Y ya que hablamos de aborto, la Corte debería recordar que ella lo autorizó en casos de malformación o de violación. Tiene en sus manos un caso que se le está pasando de semanas. La reelección fue producto de una violación constitucional. Además, parece que la criatura viene con malformación financiera y legislativa y pone en peligro la vida de su madre, la señorita Democracia. La Corte tiene que obrar en consecuencia y practicar el aborto. En este caso, sí está de acuerdo la Iglesia.

luioch@eltiempo.com.co

Luis Noé Ochoa

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