I HAVE MY COLD HEART, AND…


Para mi madre, María Luisa, a quien muchas veces, por estudiar,  trabajar o descansar,  he dejado con su estufa!!!

Para mi amor, Ardo Pero, a quien por trabajar o por orgullo,  he dejado con la estufa !!!

A ambas, prometo,  NO las dejaré aguantar más frio!

“El Corazón tiene frio…

“El Equipo parroquial que atiende a los enfermos entró a una casa donde vivía solita y enferma una ancianita. A los pocos días el Párroco se hizo presente para confesarla y llevarle un poco de consuelo espiritual.

-¿Cómo está mi hija?
-¡Ya ve, Padrecito!

Los miembros del Equipo se dieron cuenta de que la pobre pasaba frío y le llevaron una pequeña estufa para que templase un poco el ambiente.

-¿Está calientita la habitación, verdad..?

-Pero hace frío….
-¿Cómo qué hace frío, hasta diría que el calor está un poco fuerte?
-La estufa no calienta el corazón… Y el corazón siente también el frío…
-¿Y dónde están sus hijos..?
-¿Dónde estarán, Padrecito…?
-Pero ¿no la visitan?
Sus ojos melancólicos le miraron como caídos…. “La estufa no calienta el corazón”.

La respuesta de la anciana quedó como bailando en el corazón del sacerdote… Y los hijos, “¿dónde estarán, Padrecito?” ¿dónde estarán los hijos de tantos ancianos cuyo corazón siente el frío de la soledad y del abandono?

El problema de mucha gente hoy no es tanto el frío de nuestro invierno limeño, sino el frío del invierno del amor. El frío de la soledad. El frío de saber que uno ha luchado por sacar adelante a unos hijos que, ahora viven su vida, y se olvidan que su madre vive en la soledad de una habitación, recalentada por un estufa regalada.
No sólo tiene frío el cuerpo. No sólo el invierno nos hace sentir el frío.

  • También los corazones tienen frío.
  • También la soledad congela los corazones.
  • También el olvido enfría el alma.
  • También la soledad enfría las vidas.

Para muchos, el invierno dura todo el año. Porque todo el año viven solos. A lo más, una “visita de médico” en el Día de la Madre y poco más. Para muchos es invierno porque

No tienen quien les escuche.
No tienen quien les dé una palabra de aliento.
No tienen quien les haga sentir una presencia.
No tienen quien les haga sentir que aún están vivos.

Es problema de hijos. Cierto. Pero también es problema de la comunidad. Porque todos somos, de alguna manera, responsables de las soledades que nos rodean. Todos somos responsables de todos. Las estufas calientan el ambiente. Pero no pueden calentar el corazón.

Me viene a la mente la actitud amorosa de Jesús con el ciego nacimiento que, luego de ser curado, todo el mundo se le echa encima y lo marginan y se siente más solo que nunca… Apenas lo ve Jesús, se le acerca y le dice: “¿Y cómo te sientes?”

O la escena de la mujer adúltera… Todo el mundo la rodea. Pero ella se siente más sola que nunca… porque todos la acusan… Y cuando se han ido todos, Jesús levanta la cara, la mira con cariño y le dice: “Mujer, ¿nadie te ha condenado?” “Nadie, Señor.” “Yo tampoco, anda, levántate y vete tranquila. No peques más”.

Una presencia en la vida de alguien calienta el ambiente. Pero calienta sobre todo el corazón. Y Jesús lo sabía. Por eso sus palabras son como una estufa dentro del corazón humano herido y golpeado.

Leido en Reflexiones