EPS deben garantizar el derecho a la muerte digna

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EutanasiaEl Ministerio de Salud fijó, mediante una resolución, la ruta que permitirá a los pacientes afectados por enfermedades terminales, y que así lo soliciten, acceder a una muerte digna. (Lea la resolución del Ministerio de Salud sobre la eutanasia) (texto sin firmar).

El protocolo se produjo en cumplimiento de la sentencia T-970 del 4 de marzo del 2015, mediante la cual la Corte Constitucional le dio al Gobierno un plazo de 30 días para definir los trámites administrativos y los responsables que deberán dar curso a la solicitud voluntaria de pacientes terminales, cuyo desenlace es la muerte inminente, de poner fin a su vida en condiciones dignas. Leer el resto de esta entrada »

Colombia regula la eutanasia

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Se ha cumplido el plazo dado por la Corte Constitucional de Colombia para que el Ministerio de Salud de aquel país defina el protocolo para pacientes que requieran la eutanasia. El gobierno crea comités formados por médico, psicólogo y patólogo de la especialidad además de un abogado


muerte digna

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El plebiscito es bueno moralmente

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Por: Fabio Humberto Giraldo Jiménez, profesor jubilado UdeA

“… Votando como lo he decidido, soy coherente con un principio moral que he defendido y difundido y que se ha defendido y difundido como uno de los ideales de la humanidad: un ratico de tranquilidad, así la maldita historia real nos contradiga…”

Por primera vez en mi luenga vida irán juntos a las urnas mi persona y mi ciudadanía, mi ser moral y mi ser político. Junticos. Como persona tiraré los restos por la sociedad y por mis congéneres; trataré de sojuzgar mis animalidades y mi estado de naturaleza, morderé mis rabias para que se contengan, pujaré contra mis atavismos, sobrepujaré contra mis resentimientos, me sobrepondré al envilecimiento moral que he heredado de la violencia y, en fin, alisaré mis arrugas por mi nieta. Pero, sobre todo, haré honor a lo heredado de mi familia, de mis amigos, de lo estudiado, aprendido y enseñado. Y como ciudadano votaré ufano.

La ocasión se lo merece, porque casi nunca es posible que un ciudadano vote más por un valor ético y moral que por una cosa. En general, uno como ciudadano ha votado más a favor o en contra de un partido, de un delegado o de quien le regale un favor personal o familiar y que es lo que generalmente ocurre cuando por necesidad se acomodan los valores a los intereses. Uno suele votar más como ciudadano o como ser político que como ser moral, porque casi nunca se da la oportunidad de que con un voto se esté pidiendo algo que parece inmaterial o de beneficio común, que son las bobadas de la gente buena.

En este caso, en el que se me convoca a un plebiscito el 2 de octubre de 2016, se da una extraña y rara coincidencia entre mi ser moral y mí ser político porque lo que voy a decidir no está inevitablemente influenciado por la propaganda que hacen tirios, troyanos o comunicadores  confiteros. Los leo y los oigo, por supuesto, pero ese día mandará mi persona. Y que el ciudadano lleve su cédula.

Pero sé que no puedo ser tan pendejo ni tan fatuo como para votar por la paz perpetua o en abstracto, ni mucho menos por la guerra perpetua o en abstracto como hacen los que convierten  el miedo al apocalipsis en propiedad raíz. Votaré en contra de una guerra concreta; es decir, por una de las paces. Lo haré con el convencimiento moral y con  un buen sentido común pragmático, casi aristotélico, es decir político, de que si uno se quita un problema de encima, se lo quita, aunque vengan otros.

Votando  como lo he decidido, soy coherente con un principio moral que he defendido y difundido y que se ha defendido y difundido como uno de los ideales de la humanidad: un ratico de tranquilidad, así la maldita historia real nos contradiga.

Eso de la humanidad, que parece tan vulgarmente negociable para el comercio político, no es asunto de matemática y de conteo de votos. Con el plebiscito se le está preguntando a un país —gente, pueblo, paisaje, paisanaje y cultura—, sobre si quiere superar una guerra —una apenas—; no se consulta sobre si se reeligen parlamentarios, senadores o si se elige presidente en el 2018, sino sobre su talante colectivo o eticidad —que es en lo que se cree— y sobre su moralidad —que es lo que se practica—.

Por eso y muy a las ocho de la mañana del 2 de octubre iremos juntos a la urna mi persona y mi ciudadanía a votar por lo que hemos creído y por lo que hemos hecho. Orondos y galantemente endomingados, recién bañados y olorosos a colonia, estarán dispuestas mi soberanía, mi propiedad moral y política  que es la misma  que está escrita en el constitucionalismo contemporáneo y que, además, es casi igual a las que pregonan las religiones y que tanto desmienten los políticos profesionales y los pastores.

No podría dormir tranquilo el resto que me queda de la vida, si después de tantas homilías y después de tantas invocaciones a ser un poco más pacífico y amable, me negara a esta posibilidad,  sólo porque lo gritan unos necios que le están apostando a su poder. Yo, que no he sido religioso pero sí un ciudadano legal, todavía pido y recibo con agrado la cariñosa bendición de mi madre para que no me pase nada en la calle y creo, que no hay nada más personal, político, religioso y amoroso que ese gesto. Y eso no me quita la desconfianza, pero tampoco la esperanza.

Mi gran maestro, Norberto Bobbio, decía —palabras más palabras menos—, que los optimistas radicales terminan de pendejos y los pesimistas radicales de terroristas.  Que miedo, otra vez los unos manipulados y los otros manipulantes.

Fuente: Portal UdeA 26/09/2016

La carta de Clara Rojas a su hijo Emmanuel

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Semana.com le pidió a un grupo de líderes que les explicaran a sus hijos el momento que vive Colombia. Este es el texto de la congresista, quien estuvo más de seis años en poder de las FARC.

Si hay un niño que represente al mismo tiempo el dolor y la esperanza de la guerra es Emmanuel. Su madre, la hoy congresista Clara Rojas, dio a luz en cautiverio y posteriormente fue obligada por ese grupo guerrillero a separarse del bebé. Su historia se convirtió en el símbolo de la crueldad del secuestro y su liberación representó una de las noticias más alegres que ha tenido el conflicto armado en Colombia.

Como se sabe, Emanuel había sido entregado a un campesino cercano a las FARC que lo cuidó los primeros meses, pero Bienestar Familiar recuperó al niño y en esa institución Emanuel creció con el nombre de Juan David Gómez Tapiero. Cuando se anunció la liberación de su mamá, las FARC tuvieron que reconocer que no lo tenían en su poder y muy pronto se supo verdaderamente dónde estaba.

La representante Clara Rojas aceptó la invitación de Semana.com a explicarle en una carta a su hijo el momento que está viviendo Colombia ad portas de firmar la paz con las FARC. En el texto le explica el valor que tuvo su mamá Clara González de Rojas, quien falleció hace unos días, para pedir por la libertad de los secuestrados.

Mi querido hijo Emmanuel:

Quiero compartir contigo mis sentimientos sobre los momentos que vive Colombia, que, sin duda, son muy importantes, para nuestro futuro. Igualmente seguir compartiendo nuestro momento familiar tan fuerte, tan profundo.

Como tú sabes, tu abuelita murió la semana pasada y aunque estamos afrontando esta situación de la mano de Dios, no deja de impactarnos, de conmovernos, de entristecernos por la importancia de lo significativa que ha sido tu abuelita en nuestras vidas.

Aún recuerdo sus mensajes en la radio, mientras aun estábamos en cautiverio, su tono, su voz, su ánimo, su entereza, su energía. Recuerdo como tantas veces, además de pedir nuestra libertad, pidió, clamó por la paz de Colombia.

En su momento me asombraba: pedir por nuestra libertad era toda una hazaña, pero atreverse a clamar por La Paz en tiempos de conflicto, sí que era una osadía.

Que paradojas que tiene la vida, en estos momentos en que estamos a escasos días de la firma final de los acuerdos que llevaran a Colombia a un nuevo estadio, a lograr alcanzar la tan anhelada Paz, en la cual no habrá más jóvenes soldados que tengan que ofrendar sus vidas, y quiera Dios que tampoco haya más víctimas que sufran; coincide con el momento en que para desfortuna nuestra, la abuelita muere, o mejor nace a la vida eterna.

Como mujer, como madre, como amiga fue una persona magnifica, un ser excepcional, llena de luz. Infinita gratitud siento como hija privilegiada, por haber sido objeto de su inmenso amor, de su generosidad, de su invaluable ejemplo de vida, de tesón, de perseverancia, de arrojo, de amor por la vida.

Si, una guerrera de luz y como en la parábola de las bodas de Canaán, magnífica hasta el último instante de su existencia. Su dulzura, su coraje, su ímpetu, su magnífico legado, nos permitirán recibir y afrontar este cambio en nuestras vidas, su memoria permanecerá en nuestros corazones de manera de lograr asumir La Paz de Colombia, con toda decisión, como una nueva oportunidad que se abre en nuestro horizonte. ¡Dios bendiga a nuestra amada Patria!

Dios te bendiga mamita mía, mamita del alma,

Dios te bendiga, hijito amado,

¡Que el todopoderoso oriente y guie nuestros caminos!”

Vea todas las cartas en el especial multimedia sobre el proceso de paz que se publicará el próximo domingo 25 de septiembre.

Fuente: Revista Semana

La carta de Ricardo Silva explicándoles a sus hijos el proceso de paz

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Semana.com le pidió a un grupo de líderes que les contaran a sus hijos el momento que vive Colombia. Este es el texto del columnista.

 

Ricardo Silva se ha convertido en una voz que refleja calma en uno de los momentos más polarizados que vive el país. Sus columnas muchas veces tocan temas relacionados con la intolerancia y los absurdos conflictos en los que se embarcan los colombianos.

Esta es la carta con la cual les explica a sus hijos el momento histórico que vive Colombia.

“Mis niños:

Salgo a votar “sí” a la paz. En este país ha habido una guerra que ha sido un fracaso de todos los adultos, y hoy podemos decir en voz alta si queremos repararlo, si queremos que Colombia no sea un peligro ni sea una violencia, sino apenas un país.

Ojalá esta guerra, que es lo peor que puede hacer uno con su vida, acabe de acabarse antes de que se las enseñen en el colegio. Si no, si alguna parte del conflicto sigue cuando sean grandes, yo les juro por nuestra felicidad que ustedes no tendrán los prejuicios, ni los cinismos, ni las violencias, ni las superioridades morales ni las arrogancias ni los resentimientos que la han engordado como un monstruo; yo les juro por nuestra casa que ustedes estarán diciendo en voz alta, extrañados por la estupidez del mal, que para que la guerra se acabe basta con que uno no juegue su juego.

No se preocupen por nada que para eso estamos su mamá y yo. En un rato volvemos por ustedes para que vean con sus propios ojos, en la calle de este domingo, una alegría que no va a olvidarse nunca.

Su papá”.

Fuente: Revista Semana